La Partida de Ajedrez, cap. 8 del Último Faraón, La Revolución Invisible 5




Capítulo 7: Comienza la Batalla (El último Faraón, La Revolución Invisible 5)




El último faraón (la revolución invisible 5): capítulo 6 Casino Rusia








Capítulo 4 del Último Faraón: Adil en el poblado de Cañada Real



La huelga del 1 por ciento más rico, El último Faraón, capítulo 3




El último faraón, capítulo 2: El dinero con nombres y apellidos.





EL GRAN GOLPE





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texto 2: el último faraón, tras el gran golpe, adil en cañada real





\textit{Ya está bien de araganear}, me digo. Lo apago todo y comienzo mi jornada de trabajo. Con una mirada rápida a mi programa de investigación, compruebo que hoy me toca seguir los pasos de Adil. Rápidamente, con una gran motivación, me pongo a ello y me encamino hacia el poblado de Cañada Real.

Cuando llego, está amaneciendo. Rodeando la ciudadela, hay una gran muralla de piedra, como las que antiguamente jalonaban las pequeñas ciudades en la Edad Media, con torres de vigilancia con sus almenas y todo. A la entrada, hay una enorme puerta corrediza protegida con grandes medidas de seguridad. Afuera, procedentes de todos los rincones del mundo, una gran hilera de camiones con el logo \textit{El Malagatón de la Cañá} espera el permiso para poder entrar en el poblado. 

Dentro de una de las chabolas del poblado se encuentra Adil, que acaba de levantarse con muy buen humor a causa de la huelga del 20\% más rico del planeta, entre los cuales, cómo no, él está incluido. 

Tiene pensado hoy el gran faraón no pre-ocuparse por absolutamente nada, y, mucho menos por sus cuentas bancarias, aún a sabiendas de la inminente quiebra de su banco. Quiere en el día de hoy el último faraón ser, al menos por un día, el vago más vago del mundo y  \textit{no hacer ni el huevo}, salvo estar tirado  en la hamaca como un perezoso pensando en las musarañas.



En calzones y camisa blanca de algodón con tirantes, Adil mira por la ventana de su habitación y piensa: \textit{la mansión, pronto estará lista}. Luego, sale del cuarto y en la cocina, como cada mañana, le espera su suegra con un café recién hecho. El buen hijo da los buenos días, pero su señora madre política no le presta mucha atención. Está mirando la TV-Internet como si estuviera hipnotizada. Adil mira la pantalla y solo ve chirivitas de colores que se mueven de forma ondulada, que aparecen, vibran unos segundos y luego desaparecen para volver a aparecer microsegundos después.

---¿Qué hassseee usté, mare? ¡Se va a quedar siega!

Sin quitar los ojos de la pantalla, la mujer contesta como si, en realidad, estuviera hablándole a la tele:

---Poh, nà, qué viaséh, que la Salomé la vé asín y \textit{ma disho} que sale una telenovela de un viejo \textit{enamorao} de un robot que le salva la vida, y ríe y llora, y de tó, pero yo miro y no veo nà. 


\subsection{El móvil}

Dándola por imposible, Adil se acerca a la pila a coger una cucharilla para el café. Rápidamente, por el agujero del desagüe, asoma ni corto ni perezoso un par de antenas de forma graciosa, con un poco de luz en sus extremos, que, enseguida, capta la atención de Adil.

Poco a poco, el agujero alumbra a una enorme cucaracha que de forma costosa nace a la superficie y se encamina con diligencia en dirección a Adil.

Muerto de miedo, como si el animal fuera a comerle, corre el último faraón asustado a esconderse detrás de su suegra, azuzándola para que vaya ella a matar el animal. 

---Quita, quita, que a \textit{esah} solo \textit{lah} entiendo yo. Uhhh qué gorda \textit{eh} la \textit{hija de la gran puuuuuuuuta}, ---continúa con su acento extremeño--- trae pa'ca la ehcoba que a ehta la voy a apañar yo.

Guiada por un fuerte instinto de protección y sintiéndose una heroína con el súper poder de matar cucarachas, la \textit{mare} se abalanza contra el fregadero, dispuesta a cumplir con éxito la valerosa tarea que le ha sido encomendada. 

Oliendo el tufillo a muerte, la cucaracha salta de la pila al suelo, y corre como alma que lleva el diablo por debajo de la mesa de la cocina, en dirección a Adil, que muy nervioso, ha empezado a huir de ella, mientras lloriquea como un niño \textit{¿pero por qué a mí? ¿pero qué le he hecho yo? ¿pero por qué me persigue?}

¡Bum! Un enorme escobazo cae lapidariamente sobre el animal y lo entierra en un manojo de tiras de paja.

---¡Está muerta? ---pregunta Adil con tono ilusionante.

La suegra levanta la escoba y la cucaracha, ahora patas arriba, comienza a balancearse hacia los lados hasta conseguir darse la vuelta. A punto de ser aplastada por la zapatilla de la \textit{señá} Emilia, el animal levanta las antentas y estas comienzan a desprender dos potentes hilos de luz.

Casi de inmediato, la realidad de la cocina comienza a diluirse rápidamente y a girar sobre sí misma como una ruleta rusa. A los pocos segundos, suegra y yerno se encuentran en la sala de un gran casino bursátil, en Rusia, donde las fichas que se juegan en las diferentes mesas equivalen a acciones en empresas. 

el último faraón: texto primero: EL GRAN GOLPE

\chapter{1: UN DÍA EN LA VIDA DE ADIL}

 \section{EL GRAN GOLPE} Día 1 después del Gran Golpe. Hoy cuando me he despertado, por un momento, no sabía ni quién era, ni dónde estaba, ni qué estaba haciendo aquí, y todo mi yo era consciencia en estado puro. A los pocos segundos, mi memoria ha vuelto y ha podido recordar que, hoy, el planeta, al igual que yo, ha amanecido virgen, apolíneo, con forma pero sin contenido, con trillones de teras de memoria que llenar y de software limpio por ejecutar. La gran internet es ahora un gran templo neuronal con todas las habitaciones vacías y la humanidad al completo se ha reiniciado, ha vuelto a nacer, y no hay nadie en ningún rincón del mundo que no se sienta como si hubiera perdido a un ser muy querido al que no se le había dicho lo suficiente cuánto se le amaba. Los psicólogos cognitivos hablan de que nos llevará \textit{un tiempito} asumir toda la pérdida de información, \textit{la aldea global está de luto}, dicen, y nos dan consejos acerca de cómo sobrellevar mejor este período de duelo que, aseguran, \textit{será largo, lento y doloroso}. El termómetro emocional azulea indicando estado depresivo, dándole la razón a las tesis defendidas por los expertos. Mientras tanto, en el Livuk, un aldeano @anonimo ha lanzado un brindis al sol con esta máxima que está siendo masivamente relivuqueada: \textit{Espectadores, por primera vez, desde que el mundo es mundo, la noticia es que no hay noticias.} Aún así, a pesar de estar todos muy desanimados, sin mucha prisa pero tampoco sin pausa, hemos comenzado a intentar reconstruir \textit{du coeur} toda la información que teníamos antes en nuestros perfiles del Livuk, a sabiendas de que es una tarea para titanes. Entre una cosa y otra, no perdemos ocasión para entregarnos enfervorizadamente a la queja. Y es que quien eche un simple vistazo a la actividad de los foros no tardará en darse cuenta de que estamos devorados, poseídos, por un chismorreo global que corre que se las pela de nodo a nodo, de rincón a rincón, de hacedor en hacedor en torno a lo que ya ha sido etiquetado con el livutag \#píopíoquiéncoñohasido. En torno a esta cuestión, muy envalentonada, la gente argumenta, especula, conspira, larga de lo lindo sobre quién ha podido robar toda la información del \textit{mundo mundial}, y hablan y hablan y hablan, y luego gritan que te gritan, y los más emocionales se desgañitan pegados al ordenador para luego, llorar un poquito, y sorberse los mocos y escribir una y otra vez los livutag de \#nuncamais \#jamasdelosjamases. Acto seguido, pasan otra vez a especular, razonar, argumentar en torno a los ladrones de información aún a sabiendas de que todo el empeño puesto en llevar la razón será en vano, porque \textit{la autoritas}, las fuentes en las que apoyarse, han desaparecido, se han ido y no se sabe cuándo volverán, y el hacedor nos recuerda que ahora ya no hay hechos sino opiniones, y que todos los enunciados, por primera vez en la historia de internet, tienen las mismas opciones de ser verdad. Los pijos anarquistas están poniendo el grito en el cielo, su módulo basado en la autóritas para la democracia electrónica del Livuk ahora está fuera de funcionamiento.La red se ha vuelto completamente subjetiva, pseudocientífica, acientífica escucho decir también por ahí, y, en efecto así es. Para el científico de los datos, solo una cosa es objetiva y transparente como un amanecer y ese es un hecho llamado \#DINERO. En efecto, el dinero ha florecido, ha salido a la luz y, desde primera hora de la mañana, la aplicación \textit{¿Cuánto dinero tiene X?} está reventando la audiencia y, a estas alturas, todos sabemos ya a cuánto asciende el dinero virtual del mundo y en manos de quién está. Los más cotillas, entre los cuales me incluyo, están invirtiendo el día en saber cuánto dinero tiene su vecino, su jefe, su hermano, su amiga, su amante y hasta el perro del señor Rockefeller. En esta vorágine de transparencia, a nadie se le ha escapado el hecho, que está siendo enormemente comentado en el livuk, de los datos del banco BienAventurados. Los cuales están en constante movimiento, subiendo y bajando casi diría yo que de forma aleatoria, y, en estos momentos, nadie, ni siquiera los mismos adilanos que consultan compulsivamente su BankBook, tienen una idea clara de cuánto dinero tienen en su haber y cuánto dinero tienen adeudado. Completamente anodadados por tan delicada cuestión, los semifaraones han ordenado al banco mundial auditar el Banco de Adil, quieren saber el estado real de las cuentas y, sobre todo, qué ha hecho el faraón con todo los créditos que ha demandado y todos los productos financieros basura que, en su día, fueron derivados a su banco y vendidos a los adilanos. A su vez, y en una jugada que solo a ellos se les presenta maestra, y, por qué no, un poco contagiados por las ya pasadas revoluciones sincrónicas, los semifaraones han decidido declararse en huelga. A través de los portavoces de las grandes corporaciones, han manifestado al mundo su gran indignación por el gran robo de información. Aunque lo cierto es que si hay algo que les carcome por dentro y por fuera es el hecho de que el dinero haya salido a la luz, y junto con ellos, el más preciado de sus bienes: su identidad, que hasta ahora, siguiendo una tradición que arranca de muy atrás en la historia de las civilizaciones, siempre había sido secreta, absolutamente desconocida para el común de los mortales. Por primera vez en la historia, la cima de la pirámide está al descubierto, se ha vuelto visible, y todo el mundo conoce ya la cara, santo y seña de los propietarios del ochenta por ciento de todo el planeta tierra. Han querido los más potentados manifestar su gran indignación declarándose en huelga por un día. Quieren así hacer ver a los ladrones el gran poder que ostentan, y amenazan con más jornadas si la información no vuelve a todos los servidores del mundo, y, en especial, a los de sus grandes corporaciones. A causa de esta decisión, la bolsa está parada, los bancos están parados, los medios de comunicación están parados y el mundo, en definitiva, parece tener un gran cartel colgado en el que pone CERRADO POR DEFUNCIÓN, la información ha muerto y ahora hay que hacerla renacer.

Las Revoluciones Sincrónicas


La Revolución Invisible en El Salón de los Rechazados: Literatura y Activismo